Alma de coleccionista
Hasta cierto punto todos los videojuegos te piden que colecciones algo, ya sea para obtener más puntos, más ítems o abrir algún lugar al que no has entrado antes. En Metroid debes conseguir más power-ups para explorar otros sitios, mientras que juntar Jiggies en Banjo Kazooie abre nuevas puertas a -literalmente- nuevos mundos.
No sé si estas colecciones estén en la naturaleza del videojugador, pero ciertamente se encuentran en la naturaleza del videojuego. Por ejemplo 120 estrellas en Super Mario Galaxy, 100 Skulltulas en The Legend of Zelda Ocarina of Time, 493 Pokemon. Para ganar, tarde o temprano terminas apropiándote de algo del juego. Bien podrían ser los 25 tipos de granadas distintas, o todos los Star Bits que puedas porque cada 50 te dan una vida (por más que tengas 1000, juro que juntarlos se vuelve una compulsión).
Pero generalmente, para el videojugador que colecciona, no es el objetivo obtener la recompensa al final de ésta, sino la colección misma. Después de todo, no todos los videojugadores encontraron las 100 skulltulas de Ocarina, todas las expansiones de Metroid o las 100 Stray Beads de Okami. Completar cualquiera de estas colecciones es todo un logro, y si no paga bien, al menos otorga bragging rights.
¿Pero cuál es el punto? Ciertamente no todos están hechos para juntar cosas. Se requiere un tipo especial de videojugador para que éstas colecciones sean completadas. No sólo tiene que ser un poco obsesivo compulsivo, también tener dedicación, tiempo libre, y más que nada, amar realmente el juego que está jugando. Después de todo, estos números exhorbitantes (100 Skulltulas, 100 Stray Beads, 493 Pokemon) no son fáciles de obtener.
Para el videojugador que ama un juego, la colección se convierte en la excusa perfecta para pasar más tiempo en ese mundo: en Hyrule, en Nippon en Kanto, Johto o Hoen. Visto como una excusa, no importa si al final de la colección tu única recompensa es una cartera más grande (100 skulltullas), un diploma (493 pokemon) o una String of Beads que te da invencibilidad (100 Stray Beads) porque al final conoces hasta el último rincón de ese mundo, has hablado con cada personaje, visto cada lugar y finalmente puedes decir que no hay nada más que hacer. Para el videojugador con alma de coleccionista es ese momento, y sólo ese momento, en donde es capaz de decir "ya acabé este juego" y seguir adelante con el próximo. De otro modo ese título seguirá permanentemente en la lista de videojugos que no ha acabado, aunque haya matado al último boss y visto la pantalla de créditos un millón de veces.
Si me preguntan, esta extraña compulsión no sólo viene de la personalidad obsesiva del jugador, sino de la necesidad de hacer rendir el dinero. Los videojuegos no son baratos, menos aquí en México, así que el videojugador coleccionista intenta sacarle todo el jugo a cada peso por el que pagó. ¿Quizás los jugadores con un mayor presupuesto sean menos coleccionistas?
Jugadores coleccionistas, ¿cuántas colecciones han completado?















